En Doña Carmen Barcelona, los materiales no se eligieron únicamente por su valor estético. Cada uno debía ayudar a construir un espacio coherente con la identidad de la marca: cercano, cuidado y vinculado a una tradición que sigue evolucionando.
Dentro de esta propuesta, la cerámica de Maora Ceramic tiene un papel especialmente importante.
El valor de lo artesanal
Las piezas de Maora se elaboran mediante un proceso artesanal en el que intervienen el moldeado de la arcilla, el secado, la cocción y el esmaltado. Como resultado, cada pieza presenta pequeñas diferencias de tono, brillo o textura.
Lejos de ser imperfecciones, estas variaciones hacen visible el proceso de fabricación y aportan profundidad a la superficie. La cerámica reacciona a la luz de forma distinta en cada punto, generando un acabado vivo y alejado de la uniformidad de los materiales industriales.
En la tienda de L’Illa Diagonal, esta textura introduce calidez y una presencia manual dentro de una arquitectura de líneas limpias y contemporáneas.
Una tradición que sigue avanzando
La elección de Maora conecta de forma natural con la historia de Doña Carmen. Ambas firmas comparten una manera de entender la tradición no como una reproducción del pasado, sino como un conocimiento que se conserva, se adapta y se transmite.
Doña Carmen mantiene su vínculo con la moda infantil clásica y el cuidado por el detalle, pero lo hace desde una mirada actual. Del mismo modo, Maora parte del oficio cerámico tradicional para desarrollar nuevos formatos, colores y aplicaciones vinculados a la arquitectura contemporánea.
Esta relación entre memoria y evolución era uno de los puntos de partida del proyecto. No queríamos construir un espacio historicista ni recurrir a recursos decorativos evidentes. El objetivo era trasladar los valores de la marca a través de la materia, la luz y la forma de construir el espacio.
Materiales que cuentan la marca
La cerámica de Maora no funciona como un revestimiento añadido, sino como parte de la identidad de la tienda. Su textura, sus reflejos y sus pequeñas irregularidades hablan de tiempo, oficio y trabajo manual.
En Doña Carmen Barcelona, la tradición no se representa: se incorpora al proyecto a través de los materiales.

