Las referencias históricas en diseño de interiores pueden utilizarse de maneras muy distintas. La más evidente consiste en recuperar formas, materiales o códigos visuales reconocibles. Pero también existe otra posibilidad: estudiar cómo funciona una tipología, separar su lógica de su apariencia y utilizar esa estructura para resolver un problema contemporáneo.
Ese fue uno de los puntos de partida del stand desarrollado por 022 estudio en Milán en 2026. El proyecto toma como referencia la planta basilical, pero no pretende reproducir una iglesia dentro de un recinto ferial. Lo que interesa es otra cosa: su capacidad para organizar jerarquías, direcciones, centros y ámbitos secundarios.
La referencia histórica deja así de funcionar como una imagen que debe imitarse y se convierte en una herramienta de proyecto.
Qué se conserva cuando no se conserva la forma
Una referencia puede reconocerse por su apariencia o por la estructura de relaciones que contiene.
Si se trabaja únicamente desde la apariencia, el riesgo es evidente: el proyecto puede convertirse en una reproducción estilística. Arcos, materiales, proporciones o elementos simbólicos se trasladan de un contexto a otro sin que necesariamente exista una razón espacial detrás.
La alternativa es desmontar el referente antes de utilizarlo.
¿Qué organiza? ¿Dónde establece jerarquías? ¿Cómo dirige el movimiento? ¿Qué elementos tienen mayor importancia y cuáles funcionan como espacios secundarios?
En ese momento la historia deja de ser un catálogo de formas y empieza a aportar herramientas operativas. La referencia puede transformarse mucho porque lo importante no es mantener su aspecto, sino entender la lógica que la sostiene.
La planta basilical como sistema de relaciones
La planta basilical establece un orden reconocible.
Existe un eje principal que estructura la dirección del espacio. Otro eje lo cruza y genera una posición de mayor importancia. Alrededor de esa organización aparecen ámbitos secundarios que mantienen una relación clara con el conjunto.
En el stand de Milán, esa lógica se traduce en dos ejes que estructuran el espacio y el recorrido. En su intersección aparece un elemento central concebido como un punto de especial jerarquía. A su alrededor se distribuyen ámbitos de menor escala donde se presentan las diferentes colecciones.
La operación es importante porque demuestra que una tipología histórica puede sobrevivir aunque desaparezca casi todo aquello que asociamos visualmente con ella.
No hace falta reproducir una arquitectura religiosa para trabajar con centralidad, eje, jerarquía o secuencia. La referencia sigue presente, pero lo hace en la organización del proyecto.
Jerarquía antes que escenografía
En un espacio expositivo resulta relativamente fácil convertir una referencia potente en un recurso escenográfico.
La imagen puede ser muy reconocible y, sin embargo, no resolver nada.
En este caso, la referencia basilical tiene sentido precisamente porque ayuda a tomar decisiones. Permite establecer qué posición ocupa el centro, cómo se relacionan los espacios laterales y qué orden existe entre las diferentes partes del stand.
El denominado “altar contemporáneo” no funciona únicamente como una cita simbólica. Ocupa el punto de intersección de los ejes y actúa como núcleo del proyecto. Los ámbitos laterales, planteados como pequeñas “capillas”, introducen una escala diferente y permiten organizar las colecciones dentro de una estructura común.
La diferencia entre una referencia útil y una referencia decorativa aparece precisamente ahí. Si eliminamos el relato histórico y la planta deja de tener sentido, probablemente la referencia era superficial. Si las decisiones espaciales siguen funcionando porque ordenan programa, recorrido y jerarquía, la referencia se ha convertido realmente en proyecto.
Traducir una tipología a otro programa
Una basílica y un stand comercial responden a programas completamente distintos.
También cambian su duración, sus usuarios, su contexto y las necesidades que deben resolver. Por eso reinterpretar una tipología exige seleccionar, no trasladar.
En Milán no interesa reproducir el uso original del referente. Se toma de él una determinada manera de organizar el espacio y se adapta a una situación contemporánea vinculada a la presentación de colecciones cerámicas.
El eje ya no conduce hacia un espacio litúrgico. Los ámbitos secundarios ya no responden a un programa religioso. La centralidad tampoco conserva su significado original. Cada elemento adquiere una función nueva dentro del stand.
Ese proceso de traducción es probablemente la parte más útil de trabajar con referencias históricas: obliga a distinguir entre aquello que pertenece a una época concreta y aquello que puede seguir teniendo valor como mecanismo espacial.
Referencias históricas en diseño de interiores: aprender sin copiar
Utilizar historia en diseño no significa necesariamente producir espacios que parezcan históricos.
Puede significar exactamente lo contrario.
El conocimiento de una tipología permite identificar relaciones que han demostrado su capacidad para organizar el espacio y volver a ponerlas a prueba bajo otras condiciones.
En el stand de Milán, la planta basilical aporta una estructura basada en ejes, jerarquía y ámbitos diferenciados. Esas relaciones se mantienen mientras la materialización, el programa y el lenguaje pertenecen por completo al proyecto contemporáneo.
Esta forma de trabajar resulta especialmente útil en el diseño de espacios comerciales y expositivos, donde una idea de organización tiene que relacionar programa, circulación, identidad y producto sin convertirse en un gesto aislado.
La referencia deja de ser entonces un destino formal. Se convierte en un punto de partida. Y esa diferencia permite trabajar con la historia sin quedar atrapado en ella: no se trata de repetir una solución porque funcionó en otro momento, sino de comprender qué principio contenía y comprobar si todavía puede producir una respuesta útil.
Cuándo una referencia deja de ser una copia
Quizá la prueba más sencilla sea imaginar el proyecto sin explicar de dónde procede la referencia.
Si el espacio depende de reconocerla para tener sentido, probablemente seguimos demasiado cerca de la cita.
Si, por el contrario, su organización puede entenderse por sí misma —porque existe una jerarquía clara, una relación coherente entre las partes y una lógica espacial detrás de las decisiones— entonces la referencia ya ha sido transformada.
Eso es lo que interesa de este proyecto. No que un visitante entre en el stand y piense inmediatamente en una basílica, sino que una estructura histórica haya servido para organizar un problema contemporáneo sin necesidad de reproducir literalmente su arquitectura.
En ese punto la historia deja de actuar como estilo. Empieza a actuar como conocimiento de proyecto.


